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jueves, 18 de octubre de 2018

El Otoño a sus Pies

Atumn in me - artprint

El otoño se detuvo a sus pies un instante, ella inhaló profundamente, tanto que atrapó su primer aliento todavía tibio, su primer suspiro aún con ecos de estío, su primer aroma entre las hojas caídas, el de la tierra húmeda tras la breve llovizna. 
Recogió una hoja del suelo, la estrujó, la volvió a dejar caer por entre los dedos. Se lamió los labios resecos saboreándolos y tragó saliva con ligero regusto metálico. Captó las primeras imágenes un poco veladas por el agua que también enturbiaba su mirada. Notó cómo se evaporaban de sus huesos las cenizas del verano, cómo éstos languidecían, cómo languidecía su espíritu mientras la serenidad de la tarde se le colaba bajo la piel, el aire fresco le arañaba las mejillas y pausados sonidos en sordina se aproximaban a hurtadillas, trepando hasta sus oídos e instalándose en su cerebro sin molestar. 
La cautivó ese momento que, adormeciendo la tristeza, la hizo sentir renovada. 
Se fundió con él, se elevó con él. 
Y juntos, siguieron su camino.
A. Sefern

domingo, 20 de mayo de 2018

Sutil

Art by Paul Kauzmann

Déjame una flor en la ventana 
escondida tras el visillo blanco.
Que tan solo la intuya, con eso basta. 
Acaríciame los sueños, 
susurra una melodía en voz baja.
Abre despacio la puerta de la esperanza 
a esta historia anciana que aún respira lenta, 
aguardando tu llamada.
Bésame con la mirada, rózame el alma. 
O déjame una flor en la ventana que,
con solo eso, a mi ya me basta.
Ana Sefern 

miércoles, 4 de abril de 2018

Sonrisa sin Vida

The Mona Lisa by Leonardo da VincI



Hoy su boca ríe aunque ya no rían los ojos. Se apagaron las estrellas que en ellos encendía con su mirada. A veces sorprende una solitaria lágrima deambular por el surco seco que antes forjaron otras; ya no late el corazón encabritado, sino como laten los segundos en el reloj, como late el corazón de un viejo cansado.
Los recuerdos que alimentaban su soledad la bruma de los años se los fue tragando. Mutaron a esqueletos desmembrados, a hoguera humeante de leña mojada.
Lo que fue todo es nada; nada que aliente los sueños, que haga volar el alma y palpite en las entrañas. 
Y a pesar de todo, y aunque no sonrían sus ojos, todavía lo hacen sus labios simplemente recordando haber creído, haber vivido, haber amado.

A. Sefern

viernes, 5 de mayo de 2017

Punto de Encuentro

Nos volvemos a leer en unos meses. 
Gracias por vuestra fidelidad.
Un abrazo.

En aquellas vías se unieron nuestros caminos
y se ligaron nuestras almas. 
El punto exacto del encuentro,
marcado quedó para siempre.
Por si te perdías, 
por si me perdía.
Por si el destino, algún día,
nos regalaba una segunda oportunidad.
Ana Sefern 

miércoles, 19 de abril de 2017

Esa Mujer a Caballo














 Imagen de la red

No sé qué tiene esa mujer 
cuando galopa a lomos de su caballo, 
algo mágico debe ser
pues la miro y no me hallo.
Es ansiedad lo que siento
al contemplar su pelo al viento,
al ver su rostro concentrado
y su espíritu libre,
de mi tan lejano...
¡Que quisiera ser equino
y no este humilde humano!
Ana Sefern

sábado, 15 de abril de 2017

Azul

Pintura abstracta-(Imagen de la red)


Serenidad que emana un mar azul en calma
donde brillan decenas de reflejos dorados.
Sentimientos placenteros del azul de los sueños bonitos.
Cielo límpido de verano, intensamente azul, recién nacido. 
El lapislázuli de sus ojos sombreados, 
un arcoíris de azules variados.
Azul celeste, cobalto, zafiro.
Azul de la noche sin luto,
de sombras nocturnas a la luz de la luna.
Azul océano, egeo, ártico, 
azul cerúleo, azul rey, azul marino... 
Como tu corazón, tan azul y tan frío.

Ana Sefern

jueves, 6 de abril de 2017

Primavera que Enamora



Días de luz, de colores brillantes, brotes verdes 
y flores despampanantes. 
Cuando el sol es muchos soles,
ora templado, ora tímido o un poco descarado, 
a ratos hiriente, a ratos mojado. 

Días de mañanas recién lavadas, 
de hierba de rocío perlada,
de tardes sin fin y cielos azulados 
que me cuentan un cuento en dulces trinos narrado. 

Murmura el arroyo una tierna nana, 
croa la rana feliz en su charca. 
Se despereza la rama agitando su traje 
y sopla brisa nueva que me habla en su lenguaje.

Primavera que embriaga los sentidos, que palpita vida, 
que acelera el pulso de mis latidos.

Ana Sefern

lunes, 27 de marzo de 2017

Pequeños Detalles

Imagen de la red

Me sorprende y admira una flor nacida entre las malas hierbas. Me gusta el murmullo del río, el canto del gallo en la callada madrugada, el sonido lejano de los aperos de labranza. Me estremece la vieja puerta de madera castigada por los años, dando paso al hogar que una vez fue y ya no es. Adoro el canto de las escandalosas chicharras en los días de verano; suspiro cuando callan al pasar junto a su árbol. Amo el silencio que solo rompe el trino de los pájaros o, en la noche, el croar de la rana en su charca y el ulular de la lechuza que atisba la oscuridad desde una rama. Me impresionan las sombras y me atrae su misterio, la mudez del camposanto del pueblo, sus antiguos monumentos de piedra, la belleza que encierra tanta tristeza. Una estación desierta de pasajeros me inspira, el olor del tren me evoca recuerdos. Una playa cualquiera al romper el día me hace sentir agradecida; la soledad, la compañía del mar, el son de las olas que lamen mis pies en la orilla y huyen esquivas; unas gaviotas que maúllan surcando el cielo, un acantilado escarpado, un banco con vistas al horizonte, el faro a lo lejos, erguido e impertérrito, su luz intermitente saludando al marinero. Qué tesoro encontrar fotos en desvaído blanco y negro, quizá de caras y lugares desconocidos, eso no importa, así imagino, hilvano, coso, desentraño los secretos del momento congelado... Y nace una historia. 
Viejas novelas de hojas amarillentas, un comic releído, periódicos manoseados emisores de noticias añejas que un día importaron. Un primoroso encaje tejido con amor, el costurero de la abuela, el aroma a ropa limpia de la cómoda, de una calle que huele, y casi sabe, a chocolate... Del pan recién horneado, de la tienda de juguetes de la esquina, de un perfume que trae, como la marea, difuminadas sensaciones.
Me gusta seguir las fases de la luna, dejarme bañar por la luz blanca que cruza la ventana, olfatear el aire después de una buena lluvia, el aroma del jazmín, de la hierba recién cortada, de un café por la mañana. Me hace soñar el susurro del bosque, el crujir de las hojas secas, los ocres del otoño, el invierno desnudo; también cuando la primavera me despierta con su brillo cegador, el verano me amodorra y respira en mi nuca una brisa tenue, salvadora. 
Me gusta reír hasta llorar, llorar hasta vaciarme, respirar hondo y caminar. Caminar por la vida entre tantos pequeños detalles.

Ana Sefern

domingo, 26 de febrero de 2017

En una Mañana de Lluvia

















Imagen de la red

Amanece un nuevo día, un día fusco pero renovado, no como sus huesos que aunque siempre andan ofuscados, no les renueva ni un buen colchón ni eso que llaman descanso reparador. Una alucinación que, si acaso tiene algo de veraz, dura no más de cinco minutos para después evaporarse y regresarla a su renqueante realidad cotidiana. Hoy va a ser un día complicado. Toca arrastrarse, ponerse la sonrisa postiza no vaya a parecer que una está amargada; eso resulta muy incómodo cuando es viernes y el mundo tiene ganas de jarana o de descansar en paz en el sofá. Toca, qué novedad, hacer de paño de lágrimas (o de sparring) de su compañera de trabajo, Pepita, por más señas, que dice que es su amiga pero que nunca le pregunta si necesita algo porque las necesidades de todo tipo y naturaleza son exclusivamente de su propiedad desde que la conoce, así que mejor no le vayas con tonterías porque "te quejas de vicio y tú no sabes lo que yo tengo encima".
Se asoma a la ventana antes de salir a asaltar la calle y ve que está lloviendo. Coge el paraguas y piensa que asaltar la calle con un paraguas, si se toma de forma literal, suena muy ridículo, jaja. Maldición, por eso se le engancha la rodilla. Con razón parece que el día se presenta caminando con el culo; es culpa de esa jodida humedad.
Toca andar bajo la lluvia (que no cantar ni pasear) y la lluvia no es poca, además de que hace un frío pelado. Una mujer casi le saca un ojo con su paraguas al cruzarse en la acera. Ella la mira, iracunda, pero la doña tiene prisa y ni se entera, continúa taconeando con brío mientras la sigue con mirada airada. Al ir a cruzar la calle, a la doña se le tuerce un tacón y se libra por muy poco de caer de rodillas. "El karma", piensa ella contemplando, expectante, sus movimientos espasmódicos para evitarlo. Suelta un bufido de risa que no trata de disimular frente a ojos acusadores, (pero también sonrientes... hipocritillas). En vista de que la doña logra recuperar el equilibrio (aunque seguramente, no toda su dignidad) da media vuelta y prosigue su camino conservando una amplia sonrisa. Otro hombre la mira con expresión extraña, como de precaución, y esto le provoca un segundo bufido que suena como un eructo descomunal. El desconocido se hace a un lado para cederle el paso, acaso es una maníaca o una epiléptica sin medicación y le da por atacarle, que hoy en día ni de un ancianito te puedes fiar, los hay que hasta asaltan bancos, ¡a lo que hemos llegado! ¿A dónde está yendo a parar el mundo? 
Ante el "detalle de cortesía" del individuo ya le es imposible reprimir una sonora carcajada. El hombre, definitivamente alarmado, aprieta el paso en dirección contraria. 
Es muy incómodo tener un ataque de risa que no apetece tener. Porque  llueve, porque le duele todo, porque está en plena calle pero, sobre todo, porque está sola y hasta ella piensa de sí misma que se le va un poco la pinza, de lo que deduce que no solo tiene un ataque de risa, sino que lo padece. 
Dios, que ganas de llegar al trabajo, ¡quién iba a pensarlo! En cuanto Valcárcel asoma su cara de estreñido por la puerta del despacho lo que una desea es huir, no reír. El tipo es feo como un anticristo con anorexia en fase terminal y su carácter no dista gran cosa del de un engendro demoníaco de la peor calaña, así que es un buen antídoto para cortar el hipo y los ataques de risa absurdos. 
La lluvia arrecia junto con el viento, no está segura de que el paraguas aguante las embestidas y lo aferra con fuerza mientras intenta posicionarse a su favor. La mujer que camina detrás de ella suelta un chillido al tiempo que su paraguas se da la vuelta y se descuajaringa. Su melena, en pie de guerra, apunta al cielo; parece que una mano invisible la está agarrando por el pelo desde arriba para elevarla y canonizarla. Pero se percata de que es Pepita y piensa que antes de ascender, primero tiene que pasar por el purgatorio y no sabe si eso está arriba a la derecha o a la izquierda, abajo.
"Suéltalo", le dice acercándose a ella. Pepita la mira agresivamente, arroja su paraguas al suelo y se agarra al suyo para no acabar como una sopa. En los pocos metros que caminan juntas hasta llegar a la oficina su extraño ataque de hilaridad se ha evaporado por completo.
Encima le debe un favor.
Ana Sefern 

viernes, 3 de febrero de 2017

Mi Amor no se Muere


Franz Dvorak painting- La Pureza y la Pasión

Pueden separarnos un sinfín de kilómetros, 
marchitarse las flores de mil primaveras;
puede el viento acallar tu voz, 
tiritarme de frío el alma 
y latir más lento mi corazón. 
Tal vez el tiempo desdibuje tus facciones en mi memoria,  acreciente el desencanto 
y cubra con un velo los recuerdos que creamos tú y yo. 
Pero el sentimiento pervive, 
mi amor es eterno,
mi amor no se muere. 
Ana Sefern