"La casa de mis sueños" fue el primer post de este blog y lo publiqué en una única entrada. Por entonces erais muy pocos quienes me leíais, así que he decidido rescatarlo y volver a publicarlo por partes para aquellos que en su momento os lo perdísteis. Espero que lo disfrutéis.
Una ilusión, un anhelo, un sueño largo tiempo soñado.
Los sueños, a veces, se hacen realidad...
Y entonces preferiríamos no haber soñado.
La Casa de Mis Sueños, por Ana Sefern
1ª PARTE
E
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sa tarde veraniega de hace treinta años no me limité a dar la vuelta a la manzana como solía, sino que me aventuré un poco más allá. Solo un poco. Un relajante paseo al atardecer por el camino que conducía a la cuadra paralela a la de mi casita de verano.
“Ampliando horizontes”, me dije, no sin ironía.
Porque no tenía mucha vida social y no acostumbraba a dejar mi terrenito, desde que llegaba en julio, hasta que me marchaba en septiembre.
Siempre había cosas que reparar en la casa, que redecorar, que plantar en mi jardín salvaje; vamos, que no me quedaba tiempo para aburrirme… ni para relajarme. ¡Benditas vacaciones estivales!
“Otra carretera rural, ¿qué esperabas?”, me advirtió mi solícito cerebro antes de que yo lo hubiera deducido conscientemente. Y esa cabecita, racional e intuitiva, estaba en lo cierto. Como siempre.
Abandoné el sendero estrecho y salí a la carretera.
“¡Vaya, vaya, al parecer por aquí hay vidilla! Tranquilidad, sí pero… ¡hombre! ¡Farolas a lo largo de todo el camino! Y villas ―modestas y menos modestas―.”
“Alumbrado eléctrico en condiciones, gruñó la parte de mi mente que iba por libre― no como en tu calle, donde ese fulgurante estado de gracia corresponde al tramo donde se asientan la fábrica azulejera y ese grupito de casas del principio; ya sabes, las de los trabajadores”.
―Sí ya sé, gracias, cierra el pico y no intentes pincharme ―mascullé entre dientes, algo irritada.
Si bien, era cierto que me sorprendía lo poco que tenían en común dos zonas tan próximas, a tiro de piedra, como suele decirse. La parte impertinente de mi cerebro se preguntó si, acaso, los tres o cuatro vecinos que ocupábamos las viviendas después de la fábrica habíamos contraído lepra y no éramos conscientes de tamaño agravio para el resto.
Recordé lo que había costado instalar el agua potable en la mía. En euros, en papeleo y en tiempo.
“Lávese usted en la acequia cuando haya riego, parecían decirme los rostros sin facciones de la burocracia―. Y, claro, si quiere beber tendrá que comprar agua embotellada, a menos que le dé igual y prefiera también la de la acequia, a nosotros no nos incumbe, ¿sabe? Sin embargo, es de ley señalar, por si es usted tonta, que tenga la precaución de pasar sed en caso de sospechar que algún inconsciente haya arrojado desperdicios o animales muertos al reguero. La infección sería de esas de agárrate y no te menees, ¿me entiende lo que le quiero decir?”
“Perfectamente, váyanse ustedes a la mierda en cuanto dispongan de unos minutos, que será con frecuencia”, me habían dado ganas de replicar.
Aunque no lo hice, por descontado; se trataba de conseguir los permisos y nadie me había dicho nada, en realidad; era yo, una vez más, interpretando entonaciones y miradas.
Por entonces ya pagábamos todos los mismos impuestos, ¿verdad? Pequeños detalles para los que sí éramos y somos como gotas de agua clara. ¿No deberíamos tener también los mismos derechos?
“¡Fíjate en eso!, clamó una voz en el interior de mi cabeza sacándome de golpe de las divagaciones―. Esta carretera está bien asfaltada, ¿eh? Nada de socavones que ir sorteando con el coche, en caso que pretendamos que nos duren las maltrechas suspensiones, o si aspiramos a conservar la cabeza dentro del auto, ¡ah, jajaja! ¡Tócate las narices, bonita, siempre existieron las clases, aún en la miseria!”
Los perros ladraban a mi paso tras las vallas advirtiéndome que no sería buena idea acercarme demasiado a las propiedades de quienes les alimentaban.
Los perros ladraban a mi paso tras las vallas advirtiéndome que no sería buena idea acercarme demasiado a las propiedades de quienes les alimentaban.
―¡Grrrr! ―me explicó un mestizo de aspecto siniestro cuando se me ocurrió decirle unas palabritas amistosas.
―Tranquilo, muchacho ―le susurré, ofendida.
―Sí, bueno, tú pasa rapidito si no quieres que siga desgañitándome ―ladró el can desaforadamente―. ¡Circule, mujer, circule!
Le miré con mala cara por no atender a razones y continué adelante haciendo oídos sordos a lo que aquél chucho servil aullaba a mis espaldas. Al parecer, no estaría satisfecho hasta que me perdiera de vista.
“No es un perrillo faldero, se está ganando las habichuelas”, razonó mi indomable mente en tono guasón.
“Ya lo sé, estúpida, ¿haces el favor de callar de una vez? ¡Quiero tener un paseo en paz y tú no paras de hablar!
“Es culpa tuya por buscarle las vueltas a todo, ¿es que no lo sabes, tonta del culo?
“¡Que te calles!”
(Continuará)
Y ahora tengo que agradecer dos regalos
en forma de premio a MARÍA,
en forma de premio a MARÍA,
administradora del blog DESNUDANDO PALABRAS
y a JULIA, administradora del blog
LAS COSAS DE JULIA (POEMAS)
¡¡Gracias a ambas por haberos acordado de mi!!
LAS COSAS DE JULIA (POEMAS)
¡¡Gracias a ambas por haberos acordado de mi!!
Parece ser que este premio se otorga en reconocimiento
a la dedicación, la creatividad y el esfuerzo de
a la dedicación, la creatividad y el esfuerzo de
mantener un blog.
Pienso que esto lo hacemos tod@s l@s que
sacamos adelante uno con mayor o menor fortuna,
así que lo dedico y os lo regalo a todos/as los que,
como yo, os habéis embarcado en esta aventura.
El regalo de MARÍA y de JULIA