¡Llegó septiembre! Cerramos las sombrillas, y abrimos las maletas para llenarlas con todos los buenos recuerdos que hemos ido atesorando en los días largos y luminosos del verano. Nos espera la rutina pero, a veces, ¡bendita rutina!
Imagen: Beach umbrellas de Lincoln Seligman
¿Mi verano? Ajetreado. Nada de playita, aunque viva en la costa y suene raro. Es que yo soy de campo, muy rural. Lo del ajetreo es cuestión mía, que tengo ratos de hiperactividad y me marco metas estresantes.
Imagen: Memory suitcases de Yuval Yairi

Deseo que hayáis disfrutado de un verano espléndido e inolvidable y que estéis tan contentos como yo por estar de vuelta.
Dejo un pequeño relato que escribí este verano.
AMOR PLATÓNICO
AMOR PLATÓNICO
Fue un amor
de miradas furtivas, de melodías unidas al estruendo de otras alegrías. Con palabras
prestadas de otros que sabían hacer poesía, le hablaba él de sus deseos, de luces, sombras y desvelos.
Ella, cual
mendigo hambriento ingería, entre incrédula y voraz, las exiguas raciones de
alimento que su amado le hacía llegar. Desconfiada,
tejió con esmero máscaras doradas, tamices de su emoción, tras ellas rió y
lloró simulando ser fuerte, guardando en secreto lo duro de las ausencias. Acumuló dudas e inseguridades (y unos cuantos presentimientos que, pasado un tiempo se
tornaron ciertos)
Imagen: Flying Girl and the Dance by Rowena Murillo
Porque paradójicamente desde el comienzo de tan extraño cortejo, fue la ingenua Laura quien mantuvo clavados los pies sobre el suelo. Pocas veces surcó aquél peculiar mundo de
música que él le ofrecía, regalándose un vuelo al paraíso para bailar a su ritmo, para soñar su mismo sueño.
Más su extremada cautela de nada sirvió. Aquél amor sin
palabras, quizá el que con más intensidad siente, murió siendo eso, "un querer llegar a ser". Fue sustento de ilusiones y anhelos, valiosas pepitas de un recóndito
filón. Ella le permitió regir la mitad de sus días, le inventó mil y un finales y únicamente el tiempo pesando en sus espaldas fue deshaciendo su ardor, dejando en el aire
jirones de hiel, ecos de añejas canciones y un horizonte cruel.
Laura no
sabía de regalos porque nunca antes los recibió.
Después…
nunca más.
Ana Sefern