Imagen: The Nightmare by Henry Fusely
Es de noche, otra noche. Ya se acercan los demonios. Vienen arrastrándose sigilosos pero implacables y traen consigo su tridente bien afilado. Siento como me aguijonean desde la punta de los pies hasta el lugar más recóndito del alma. No tienen rostro, no tienen piedad, son muchos pugnando por destruir mi calma. Uno dice llamarse Ausencia y me sonríe mefistofélico con su semblante sin rasgos. Puedo adivinar su maldad, casi palparla, al escucharle susurrar con voz ronca. Me revuelvo entre las sábanas cuando el Miedo me oprime el corazón con dedos férreos, helados como carámbanos. A su sombra funesta se retuercen varios demonios menores. Inseguridad, Incertidumbre, Certezas No Deseadas... Mi corazón palpita desbocado, se convierte en un majestuoso caballo negro huyendo al galope, la mirada desorbitada, las crines al viento conmigo sobre su lomo, agarrada a ellas desesperadamente. Una figura demasiado frágil que se aferra a la cordura, un pésimo jinete zarandeado, vapuleado, un desertor escapando a duras penas del horror de su guerra interna.
Amanece, se quiebra la oscuridad, se adivinan las formas. El espléndido caballo tizón parpadea confundido, tranquiliza el paso deteniéndose justo al borde del precipicio. Y yo sigo sobre él una alborada más, esperando que el nuevo día lama mis heridas.
A. Sefern
Me voy a tomar un pequeño-largo descanso bloguero. Gracias a todos los que habéis viajado conmigo durante estos meses. Hasta la vuelta.
Abrazo colectivo.
Me voy a tomar un pequeño-largo descanso bloguero. Gracias a todos los que habéis viajado conmigo durante estos meses. Hasta la vuelta.
Abrazo colectivo.