Imagen: Gemelos by Wang Miao
LA LADRONA (parte tercera)
por Ana Sefern
Soledad espantó ciertos recuerdos retorciendo con un pie el consumido cigarrillo contra el suelo, como lo hubiera hecho con una indeseada cucaracha. En su rostro de expresión ya crispada se formó una mueca de dolor, no en vano iba descalza y no acostumbraba a caminar sobre brasas... No ese tipo de brasas.
Había comenzado a llover, el agua golpeaba los cristales rítmicamente. Se estremeció cuando un escalofrío le recorrió el cuerpo desnudo y buscó con la mirada su fina bata de seda. La descubrió sobre el sofá, a un lado de la sala, donde la había arrojado cuando entró; se la puso ciñéndola con fuerza a la cintura y a continuación se aproximó lentamente a uno de los amplios ventanales.
Afuera, el jardín bebía con avidez el inesperado maná nocturno con que el cielo le recompensaba después de un día en extremo caluroso para finales de octubre. El jardín en el que tan buenos momentos habían pasado, ese que mamá cuidó con tanto mimo, el mismo que fue testigo de su infancia y también de lo que sucedió aquél día.
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-No tuviste la culpa, yo lo sé.
Soledad rió en voz baja sin dejar de observar la oscuridad del exterior, sin moverse un milímetro. Y de esa guisa respondió.
-Tú no sabes nada.
-Lo sé muy bien; desde esta perspectiva todo se ve claro. Deja de culparte y déjame marchar, ¡por favor!, es hora de que ambas seamos libres.
-No seas necia, ¿dónde vas a estar mejor que aquí, conmigo... en mi? Somos gemelas, nadie romperá ese vínculo.
-Ese vínculo se rompió hace mucho Soledad, estás viviendo una ilusión enfermiza, ¡despierta de una vez, libérate y libérame! Ellos ya no están, nadie queda para recordarte lo que pasó.
Soledad inspiró hondo; no contestó y Violeta volvió a la carga.
-¿Por qué tuviste que obligarme a crecer contigo? ¡Estoy muerta, MUERTA, MUERTA! Morí el día de nuestro noveno cumpleaños, esto es irreal, ¡todo es irreal! No puedes vivir por las dos, sencillamente no puedes!
-¡Cállate, cállate, maldita embustera!
Pero Violeta no obedeció. Últimamente la cuestionaba demasiado. No... no se lo podía permitir.
Pero Violeta no obedeció. Últimamente la cuestionaba demasiado. No... no se lo podía permitir.
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-Disfruta de tu marido, de tu hijita... Cris aún te ama; soportó todos tus desplantes, todos tus líos, te ayudó superar aquella etapa terrible con las drogas, ¡se casó contigo! Y cuando recaíste después de dar a luz siguió a tu lado ¿qué más le puedes pedir? ¡No le hagas más daño y no sigas haciéndotelo tú!
-¿No me has oído? ¡CÁLLATE!
-Piensa en la pequeña... O me temo que él lo hará por ti. ¿Crees que no se va a dar cuenta de que vuelves a estar mal? Esta vez no lo podrá soportar, te lo advierto.
Soledad se llevó las manos a las sienes y cerró los ojos con fuerza.
- ¡Cierra el pico de una maldita vez, perra! ¿Piensas que no sé lo que hacéis en la cama cuando yo me siento indispuesta? -espetó apretando los dientes-. ¡Bien que te aprovechas de eso y bien que se aprovecha él! Sé que le gustas más que yo; el día de nuestra boda eras tú quien estaba en el altar, él te veía a ti, no a mi...¡tú eras la novia! ¡Y fuiste tú quien parió a su hija, a ti a quien cogía la mano! Los dos os burláis de mi, es siempre la misma historia.
- ¡Cierra el pico de una maldita vez, perra! ¿Piensas que no sé lo que hacéis en la cama cuando yo me siento indispuesta? -espetó apretando los dientes-. ¡Bien que te aprovechas de eso y bien que se aprovecha él! Sé que le gustas más que yo; el día de nuestra boda eras tú quien estaba en el altar, él te veía a ti, no a mi...¡tú eras la novia! ¡Y fuiste tú quien parió a su hija, a ti a quien cogía la mano! Los dos os burláis de mi, es siempre la misma historia.
Un breve silencio. Luego, la voz volvió a sonar como en un eco.
-Sólo en tu imaginación, cariño. Recuerda... sólo recuerda.
Continuará...
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Segunda parte AQUÍ
Cuarta parte AQUÍ
Quinta parte (desenlace) AQUÍ




