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sábado, 2 de marzo de 2019

Palabras Mudas


Palabras mudas que no son simples palabras, 
palabras con las que no se atrevería el viento 
ni el tiempo podría borrarlas. 
Pero estaban escondidas en el arcón de los silencios, 
atrapadas con la razón, la desgana
y mi fama de charlatana.
Hace tiempo que pasó su tiempo 
porque a nadie le interesó escucharlas,
se mudaron del arcón a una balsa de agua  
donde crecen el verdín y las algas.
Y ahí se quedarán, para siempre, estancadas.

Ana Sefern

viernes, 18 de enero de 2019

Asomada a la ventana


           
Asomada a la ventana, dejándose bañar por la luz de la luna, cerró los ojos. Sentía así que podía fundirse con el entorno, sentía vibrar en su interior cada pequeño sonido del campo en esa insomne noche de verano. Los sentía muy adentro, los escuchaba, los respiraba.  
La brisa era una imperceptible caricia sobre su piel sudorosa y no lograba mitigar la desazón. La noche se conjuraba contra ella con todos sus elementos, la desvelaba, la acercaba a sus pensamientos más recónditos, le removía el espíritu sin compasión. Los sonidos del silencio eran gritos, si les prestaba atención. Y ella lo hacía.
El delicado chasquido de una ramita al quebrarse, dos o tres grillos conversando a distancia, un breve trino adormecido, el clu-clú de algún renacuajo nadando en el sifón de riego, al otro lado del camino. Los árboles parecían quietos, sin embargo, susurraban como si velaran a un enfermo. Un gato deambulaba bajo ellos con su paso almohadillado y cauto pero, en aquella quietud, no le pasó desapercibido.
El motor de la nevera, en la cocina, trabajaba a sus espaldas. El tic-tac del reloj de la mesilla marcaba los segundos infatigable. Un coche pasó raudo por la lejana carretera. Se preguntó inconscientemente a dónde iría, aún cuando no esperaba ni deseaba respuesta. 
Su mente empezó a tejer un poema que no concluyó. Inició un segundo. En momentos así, siempre le salían los más melancólicos, los que bebían directamente de su yo profundo aunque los rechazara sistemáticamente. Aunque sucumbiera, invariablemente, a su magnetismo.

No puedo olvidar aquellas notas encadenadas, 
siento todavía mis latidos de entonces. 
Rememoro tus gestos, tu mirada, mis temblores.
No puedo olvidar los olores, tan ricos y dispares.
Los temores.
Recuerdo las ausencias, 
los encuentros ya carentes de sentido.
El frío.
No puedo olvidar la herida, la sal vertida,
el nudo que estrangulaba las entrañas, 
subía y me ardía en la garganta.
Las lágrimas derramadas, las contenidas.
Me olvidaste,
te olvidé.
Y, a veces, todavía te olvido.

Ana Sefern

viernes, 30 de noviembre de 2018

Las Dos Mitades de su Alma

Image: Mystery of the soul

Una parte de su alma helada 
deambula sin cobijo, 
anda perdida sin rumbo fijo,
sin hoguera ni castillo, 
sin tierra, sin destino.

La otra parte, erguida y expectante, 
aguarda sin desmayo 
a que llegue un mes de mayo
 que reverdezca el bosque albino

Y se miran con recelo
al despertar lo que latía dormido.
Quiere una seguir perdida,
la otra, un estallido.

En medio del desconcierto 
intenta descifrar un interior 
donde ya no manda, 
donde, acaso, todo tiene sentido 
aunque no entienda nada.
Conciliar esas dos mitades 
tarea ardua, 
porque a él nada le conforma 
y a ellas nada les calma.
Ana Sefern

viernes, 9 de noviembre de 2018

Y Sentir

Art digital by Sandra Knego-Pause

Quiero volver a sentir
como se siente por vez primera,
que ya lejos queda la primavera
y se me está olvidando vivir.

Descubrir con sorpresa
el pellizco secreto de la ilusión nueva,
volver a soñar con las estrellas,
aceptar el reto de sentir el alma presa.

Quiero quedarme callada
mientras disfruto de la alborada,
contemplarla con ojos nuevos
sin nada que me distraiga.

Sentir y latir con fuerza,
pisar y caminar con ganas,
correr por falta de paciencia,
aunque con un muro me de en la cara.

Quiero volver a sentir
como se siente por vez primera.
Y sentir y sentir de verdad, aunque duela,
como le duele al invierno la primavera.
A. Sefern