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Se encontraron por vez primera y descubrió que ya le conocía, tantas veces le había soñado. Le dijo: "Abrázate a mis sueños como yo a los tuyos e iniciemos juntos el viaje de nuestra vida."
Qué cursi y grandilocuente. Rememorarlo ahora la hacía enrojecer. Pero entonces lo sintió así.
Qué cursi y grandilocuente. Rememorarlo ahora la hacía enrojecer. Pero entonces lo sintió así.
Con cada recuerdo creado a su lado tejió ella su bandera y la idolatró. Sin asomo de sonrojo solía decirle, copiando de otro las palabras que reflejaban su realidad: "eres mi "nada" cuando la gente me encuentra con la mirada perdida y me pregunta: ¿en qué piensas?"
Y resultó ser justo eso: nada. No le conocía, solo fue un destello de sol que la obligó a cerrar los ojos y no ver.
Ana Sefern





