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lunes, 20 de octubre de 2014

Quien a hierro mata a hierro muere (I)


QUIEN A HIERRO MATA A HIERRO MUERE (I)


                                                                                      Painting by Gregory Thielker
Lloviznaba, aquél viernes, cuando salió del abarrotado bar de copas en el que había pasado dos horas de animada conversación y cervezas al terminar la jornada laboral. El airecillo frío de mediados de octubre empujaba la lluvia hacia él y le manchaba las gafas, cosa que le irritaba sobremanera, pero no le incitaba a arrastrar consigo un paraguas durante horas.
Iba algo achispado, no mucho, lo suficiente para pensar que, después de todo, volver a casa no estaba tan mal, que su mujer no se había convertido con el paso del tiempo, en una bruja tocapelotas ni sus hijos, de seis y siete años, en un par de monstruitos malcriados que conseguían cuanto se proponían a fuerza de pataletas y chantajes emocionales.
El alcohol era un buen bálsamo, obraba milagros en su ánimo, le hacía sonreír aunque cayeran chuzos de punta, recordándole cuan necesario y preciado bien es el agua, los beneficios que proporciona a la Naturaleza y que, en un tiempo, no habría necesidad de regar el césped. 
O al pisar una caca de perro, signo inequívoco de buena suerte, quién lo duda; sonrisa amplia, ceja derecha alzada con cierta sorpresa... ¡Le esperaba un buen día!
Y es que, como dijo alguien con una gran capacidad de observación: "Siempre se ven nubes cuando empieza a llover, pero no siempre llueve cuando se ven nubes".
Su estado de ánimo permanentemente cabreado era culpa suya únicamente, o mejor dicho, culpa de la jodida crisis de los cuarenta en la que llevaba inmerso de pleno tres años. Se hubiera reído a carcajadas de quien le vaticinara, tiempo atrás, que eso iba a ocurrirle a él. 
"Gilipolleces", habría contestado. 
Sin embargo, a los cuarenta y tres recién cumplidos todavía continuaba deliberando si esa vida -su vida- era la que quería vivir hasta que, pasados otros cuarenta años, por lo menos, apareciera la parca con la inseparable guadaña a los pies de su helado lecho conyugal, para señalarle que su tiempo había expirado, que había llegado la hora de hacer balance y rendir cuentas... que "ven conmigo, muchacho".
Pero en esos instantes, mientas caminaba hacia el coche todavía sonriendo, la vida -su vida- era casi hermosa. Hermosa sin casi. Satisfactoria. Su hogar era su castillo, su mujer una diosa de deslumbrante belleza, fresca y radiante cual fruto prohibido y febrilmente anhelado, y los niños dos pequeños ángeles que habían venido a colmar de felicidad a la pareja. 
Entró en el coche cerrando rápidamente la portezuela, se pasó una mano por el pelo y se limpió las gafas con el jersey; después, introdujo las llaves en el contacto y lo accionó, prendió la calefacción, y con dos o tres maniobras dejó atrás el aparcamiento, pensando que se le había hecho un poco tarde -eran las diez de la noche- y que su diosa no le recibiría con las zapatillas en la mano precisamente.
Mientras cruzaba el centro de la ciudad deteniéndose de golpe en un semáforo en rojo (eso le iba a retrasar aún más) decidió que el ceño, con el que era más que probable que le recibiera Emilia, se borraría de un plumazo en cuanto le plantara por sorpresa un beso de cine de esos que salían en las películas pastelonas que a él lo narcotizaban irremisiblemente, y a ella le ponían la cara de boba y provocaban que le mirara de reojo con terrible desencanto. Sin dejarla reaccionar, y ya que los niños estarían duchados, cenados y acostados, se la llevaría a la cama. Emilia se contentaba con unas carantoñas, así que esta noche sería fiesta.
Tomó la carretera secundaria que conducía directamente a la urbanización de las afueras donde estaba su hogar, sin tanto tráfico y semáforos que se interpusieran entre él, su buen humor y el ímpetu amatorio provocado por las cervezas. Era una vía estrecha poblada de árboles a ambos lados de la calzada, lo cual siempre le había dado la sensación de ir a adentrarse en otro mundo. Hoy esto le estimulaba cuando, por lo general, le aterraba.
Continuaba lloviznando, un coche que circulaba a más velocidad de la permitida para aquella carretera, se cruzó con el suyo deslumbrándole levemente. Le dedicó un sonoro adjetivo entre dientes, que más calificaba a su madre que a él, mientras con una mano rebuscaba en la guantera el paquete de cigarrillos. 
Fue eso, un segundo, dos, cinco a lo sumo, pero al volver la vista al frente no tuvo tiempo de evitar el impacto. El coche se había desviado ligeramente hacia el arcén alcanzando al ciclista, que voló por los aires, cayó sobre el capó del BMW, para acabar tendido, inerte, sobre la calzada. La rueda delantera de la maltrecha bicicleta continuó rodando lentamente en la cuneta.
   -¡Dios mío, Dios mío... qué... ¡¡Joder!! ¿De dónde ha salido este tío, de dónde, de dónde? ¡¡Maldita sea!!
Uno, dos, tres, el corazón a punto de salírsele del pecho, la lluvia impasible, la carretera desierta...
  -Calma, tranquilo, respira hondo, no ibas muy rápido, seguro que sólo está herido...
Maniobró para esquivar al ciclista y siguió su camino.
Continuará...
QUIEN A HIERRO MATA A HIERRO MUERE (primera parte)
Puedes leer la segunda parte pinchando AQUÍ
Ana Sefern

34 comentarios:

  1. Beautiful scene.
    I love seeing streets through a rainy windshield.

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    1. Yes, me too, it's very romantic, don´t you think so?

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  2. Uf, vaya primera parte! Nos dejas con el alma en vilo hasta la siguiente :) Un texto que me ha tenido atrapada a la espera de que pasara algo (más que nada por el título), pero el final ha sido impactante.
    Besos!

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    1. Algo más pasará Laura, eso seguro ;)
      Besos!

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  3. Hola Nena... Creo que durante dos horas se pueden tomar más cervezas de las debidas si, como este hombre, luego se va a coger un coche
    Han ocurrido tres cosas en su contra... la lluvia. el coche que lo ha deslumbrado, y el tabaco guardado en la guantera
    Parece mentira, pero un accidente ocurre en un segundo... y en ese segundo te puede cambiar la vida
    Por supuesto que lo peor que ha hecho ha sido seguir su camino, sin detenerse a socorrer al ciclista
    Me ha encantado el tema que tocas con este magistral relato... porque, desgraciadamente, planteas una situación muy real
    Me quedo a la espera de la segunda parte
    Muy buen relato, Nena... Me ha gustado mucho
    Besos y feliz inicio de semana

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    1. Es un día cualquiera, de una persona cualquiera con sus circunstancias, muy normalito. Y las cosas, buenas o malas, pasan un día cualquiera, de un segundo para otro, no se necesita más que el pistoletazo de salida; luego, cada cual, brega con ellas a su manera.
      Me alegra que te haya gustado, a ver si llega la segunda parte o... las circunstancias me impiden plasmarla :D
      Un beso, que tengas una semana sin demasiadas... circunstancias... adversas ;)

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  4. Que bien Nena, ya has vueltos con tus relatos, este me gusta mucho, no me esperaba el accidente así de esta manera..... así que ahora hasta la semana que viene me tienes en vilo !!!!!
    Besos y feliz semana.

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    1. Aquí estamos con otro relatillo sí, espero que te guste de principio a fin.
      Casi nos hemos tropezado con el accidente ¿no? Como quien pasaba por allí.
      Un beso Lidia.

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  5. Siempre los lamentamos y tratamos de justificar cuando pasa algo sin tener en cuenta que no se puede beber y luego coger el coche.Un Fuerte ABRAZO

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    1. Somos demasiado soberbios, creemos que las cosas les suceden a otros, que total, solo han sido dos o tres cervezas, que aguantamos perfectamente el alcohol y que un segundo de distracción es un segundo, o sea, nada. Pero un segundo no es igual a cero.
      Un abrazo!

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  6. Ana María, un genila relato, me gustó, y ya quiero leer la segunda parte :)
    viste que eres talentosa, por eso me gusta tu "rinconcito" ...Y me haz vuelto a hacer pensar : ¿existe alguna crisis a los veintitantos años? :)
    Bendiciones.

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    1. Espero que siempre te sientas a gusto en este rincón, Luis.
      ¿Ya te he hecho pensar otra vez? :D:D
      Bueno, a lo mejor, a los veintitantos hay que pensar con moderación y dedicarse vivir la juventud plenamente. Es difícil para los que le damos demasiadas vueltas a la cabeza, tanto a los 20 como a los 30, 40... Crisis... A los veinte no deberíamos tenerlas, ¿no? Pero cada persona es cada persona y sus circunstancias. Aunque una crisis, tal y como es la del personaje, no. Es improbable.
      Bendiciones para ti también. Muchas.

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  7. Hola Nena, me ha gustado como ha comenzado tu relato, espero la continuación!!!

    Besos!!

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    1. Me alegro. La tendrás casi seguro... porque seguro, seguro, no hay nada en la vida. :D:D:D
      Besos!!

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  8. Uff, comienza fuerte el relato; me gusta mucho el ritmo que tiene; intrigada quedo por saber la continuación...
    Besos

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    1. Espero despejar la intriga pronto y que sea de tu agrado como este comienzo.
      Besos!!

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  9. Hola, ya estoy aquí, me encantan tus relatos y he de decirte que escribes de una forma muy amena. Saludos y ya tienes nueva seguidora.

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    1. Hola Lola, bienvenida a esté rincón!
      Espero que te sigas pasando de vez en cuando y que te guste lo que leas.
      Gracias.
      Un beso.

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  10. Hola querida Ana, me acabas de dejar con la miel en los labios, bufff el título parece adelantar algo, los ciclistas pobrecillos siempre suelen ser son blancos perfectos, en casa son aficionados y el corazón se encoje cuando ocurren dichas tragedías.
    Me encantará de leer el final, estoy algo ausente pero hago lo que puedo.
    Besitos y buen fin de semanaaaa

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    1. Hola Pilar, como siempre, me alegra mucho "verte" por aquí.
      Si, se escuchan muchas tragedias en relación con ciclistas. Por norma general, creo que quien ama este deporte, también respeta las normas de circulación, en ello le va la vida. Luego también existen "los que van en bicicleta", en la ciudad te encuentras algunos que creen que las normas se hicieron para los demás y ponen su vida en riesgo de la forma más estúpida..
      Espero que tus obligaciones te permitan leer la continuación del relato y también deleitarnos con alguno de tus poemas.
      Te mando un beso y también te deseo que estés teniendo un finde genial.

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  11. Muy buen relato, tengo ganas de leer la continuación y ver que pasa. Te mando un beso y te deseo un genial fin de semana.

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    1. Hola JP, bienvenida a este rincón, espero que te sientas bien en él y que nos leamos de ahora en adelante.
      Un beso y feliz domingo.

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  12. ¡Hola! Ya estoy por aquí por tu otro sitio y me encantó. Leeré tu obra. Gracias por compartirla. Lou

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    1. Hola Lourdes bienvenida también a mi otro espacio, siéntete como en tu casa. Espero que lo pases bien.
      Feliz inicio de semana.

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  13. Excelente un relato que atrapa de principio a fin, eltio me estaba cayendo bien , porque la gente optimista donde intenta verlo todo lindo le va mejor , pero huir? ha sido imperdonable, esto se pone bueno pendiente de la segunda parte, muy buen logrado , feliz inicio de smeana y besos desde mi brillo del mar

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    1. Hola Beatriz, la verdad es que el optimismo del protagonista le viene dado por las cervezas que acaba de tomarse; sin ese poquito de "chispa" es un hombre bastante insatisfecho, incluso amargado. Su huida, desde luego, no tiene perdón.
      Gracias por visitarme, que tengas una excelente semana.

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  14. Ana María, ¿aun no hay segunda parte? :/

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    1. Hola Luis, estoy en ello, he tenido algunos asuntillos que resolver que me han robado tiempo. Espero no retrasarme mucho más.
      Un abrazo

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  15. Mal empezamos, tomó la decisión equivocada, esperaré impaciente el siguiente capítulo.
    Besos

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  16. Realmente pensaba mientras leía tu relato, en que muchas veces pensamos que si realmente la vida que vivimos es exactamente la que habíamos imaginado o si ni tan siquiera se le parece lo más mínimo. Después, un imprevisto, algo que no esperamos puede hacer que todo de un giro de 360º y de pronto deseemos que nada haya cambiado por mucho que no estemos convencidos totalmente de si nos gusta o no.

    Me quedé ahora esquivando al ciclista...

    Un placer volver para leerte, iré poniéndome al día poco a poco.

    Besitos!!

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    1. Hola FG, bienvenida otra vez!
      Pues sí, así es la cosa. ¿quién no lo ha pensado alguna vez, aunque sea fugazmente? ¿y quién no se ha sentido descontento por algo que no fue tal cual lo imaginó? El alcohol puede suavizar las cosas, pero un revés mucho más, ansiando que todo vuelva a su lugar y haciendo que nos preguntemos de qué nos quejábamos cinco minutos antes.

      Yo también tengo que ponerme al día, todavía sigo con "resaca" o vaguitis navideña, así que paso a paso.
      Besos!!!

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  17. Hola Nena kosta , pasaba por aquí y me encuentro un buen relato voy a ver las otras partes y te cuento vale , de momento está muy interesante , saludos y abrazo de flor.

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    1. Hola Flor, pues espero que te siga pareciendo interesante de principio a fin.
      Un abrazo

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