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domingo, 26 de febrero de 2017

En una Mañana de Lluvia

















Imagen de la red

Amanece un nuevo día, un día fusco pero renovado, no como sus huesos que aunque siempre andan ofuscados, no les renueva ni un buen colchón, ni eso que llaman descanso reparador. Una alucinación, que si acaso tiene algo de veraz, dura no más de cinco minutos para después evaporarse y regresarla a su renqueante realidad cotidiana. Hoy va a ser un día complicado. Toca arrastrarse, ponerse la sonrisa postiza no vaya a parecer que una está amargada, eso resulta muy incómodo cuando es viernes y el mundo tiene ganas de jarana o de descansar en paz... en el sofá. Toca, qué novedad, hacer de paño de lágrimas, o de sparring, de su compañera de trabajo, Pepita por más señas, que dice que es su amiga pero que nunca le pregunta si necesita algo, porque las necesidades de todo tipo y naturaleza son exclusivamente de su propiedad desde que la conoce, así que mejor no le vayas con tonterías, porque "te quejas de vicio y tú no sabes lo que yo tengo encima".
Se asoma a la ventana antes de salir a asaltar la calle y ve que está lloviendo. Coge el paraguas y piensa que asaltar la calle con un paraguas, si se toma de forma literal, suena muy ridículo, jaja. Maldición, oh maldición, por eso se le engancha la rodilla, con razón parece que el día se presenta caminando con el culo, es culpa de la jodida humedad.
Toca andar bajo la lluvia, que no cantar ni pasear, y la lluvia no es poca, además de que hace un frío pelado. Una mujer casi le saca un ojo con su paraguas al cruzarse en la acera. Ella la mira, iracunda, pero la doña tiene prisa y ni se entera, continúa taconeando con brío mientras la sigue con mirada airada. Al ir a cruzar la calle, a la doña se le tuerce un tacón y se libra, por muy poco, de caer de rodillas. Ella observa, expectante, sus movimientos espasmódicos para evitarlo y suelta un bufido de risa que no trata de disimular ante ojos acusadores, pero también sonrientes (hipocritillas). En vista de que la doña logra recuperar el equilibrio aunque, seguramente, no toda su dignidad, da media vuelta y prosigue su camino conservando una amplia sonrisa. Otro hombre la mira con expresión extraña, como de precaución, y eso le provoca un segundo bufido que suena como un eructo descomunal. El desconocido se hace a un lado para cederle el paso, acaso es una maníaca o una epiléptica sin medicación y le da por atacarle, que hoy en día ni de un ancianito te puedes fiar, los hay que hasta asaltan bancos, qué cojones, ¿a dónde está yendo a parar el mundo? 
Ante el detalle de "cortesía" del individuo ya no puede reprimir una sonora carcajada y el hombre, definitivamente alarmado, aprieta el paso en dirección contraria. 
Es muy incómodo tener un ataque de risa que no apetece tener. Porque  llueve, porque le duele todo, porque está en plena calle pero, sobre todo, porque está sola y hasta ella piensa de sí misma que se le va un poco la olla, de lo que deduce que no solo tiene un ataque de risa, sino que lo padece. 
Dios, que ganas de llegar al trabajo, quién iba a pensarlo. En cuanto Valcárcel asoma su cara de estreñido por la puerta del despacho, lo que una desea es huir, no reír, el tipo es feo como un anticristo con anorexia en fase terminal y su carácter no dista gran cosa del de un engendro demoníaco de la peor calaña, así que es un buen antídoto para cortar el hipo y los ataques de risa absurdos. 
La lluvia arrecia junto con el viento, no está segura de que el paraguas aguante las embestidas y lo aferra con fuerza mientras intenta posicionarse a su favor. La mujer que camina detrás de ella suelta un chillido al tiempo que su paraguas se da la vuelta y se descuajaringa. Su melena, en pie de guerra, apunta al cielo, parece que una mano invisible la está agarrando por el pelo desde arriba para elevarla y canonizarla. Pero se percata de que es Pepita y piensa que antes de ascender, primero tiene que pasar por el purgatorio y no sabe si eso está arriba a la derecha o a la izquierda, abajo.
"Suéltalo", le dice acercándose a ella. Pepita la mira agresivamente, arroja el paraguas al suelo y se agarra al suyo para no acabar como una sopa. En los pocos metros que caminan juntas hasta llegar a la oficina, su extraño ataque de hilaridad se ha evaporado por completo.
Encima le debe un favor.
Ana Sefern 

14 comentarios:

  1. Me la imagino y a ratos me entra la risa, tiene que hacer de tripas corazón,y seguir adelante aunque llueva o truene, siempre adelante con dolores o sin ellos.Me gusta,!!!!
    Hasta el próximo relato.
    besos guapa.

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    1. Al menos conserva cierto sentido del humor, así se hace todo más llevadero.
      Hasta el próximo o hasta cuando quieras.
      Un beso

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  2. Buena amiga quien dice que te quejas de vicio y que no sabes lo que ella tiene encima... sí, muy buena amiga es Pepita... una catástrofe deberle un favor ;-)
    Me he sonreído con la doña... y ya me he reído con el hombre que, alarmado por una carcajada, se marcha en dirección contraria
    Buen relato de humor fusco que provoca sonrisas y risas en absoluto fuscas
    Besos

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    1. Sí, con amigas así para qué quieres más.
      Me alegra que hayas sonreído y reído, es lo que tiene el absurdo, que a veces hace sonreír más que un chiste bueno, al menos a mi me ocurre con frecuencia, aunque no sé qué tonalidad tendrán mis risa, siendo una bruja :)
      Besos

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  3. Nena, ¡cuántas Pepitas así hay en este mundo! Son tan egoístas, que no piensan ni por un segundo en los demás, cada día de mi vida lo sufro en nuestras propias carnes, con alguien muy cercano y por eso empatizo al cien por cien con la protagonista de tu bonito e interesante relato.
    Besos, mejor sonreír con ganas, que no reír por no llorar.

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    1. Sí, de Pepitas está lleno el mundo, lamento que te haya tocado una de cerca. Toda la razón, mejor sonreír con ganas.
      Besos, Concha.

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  4. Uy pobrecita además de mojada y con dolor le toca aguantar a Pepita y si todos tenemos una en nuestra vida por lo menos es una amiga y no pariente. Te mando un beso y me encanto esta entrada

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    1. Sí, y Pepita molesta porque se le ha roto el paraguas y tiene que usar el de "su amiga, a la que todo le sale bien" jajaja.
      Un beso.

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  5. Me lo he pasado genial leyéndote, he sonreído varias veces

    ¡Sinceramente gracias!
    Besos
    André

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    1. Me alegra, Andrés, todo un honor para mi.
      Gracias a ti por visitarme.
      Besos!!

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  6. Jajajaja! Pero como me he reido con este relato, me alegra haber venido a asomarme por aca, me gusta tambien este otro sitio que tienes!
    Bs y feliz fin de semana!

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    1. Un placer recibirte, Diana, y encantada de haberte hecho reír.
      Besos y feliz finde para ti también

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  7. hola! es alegre y gusta mucho eso, de veras sacas muchas sonrisas y por que no?un carcajada. las buhas amamos la lluvia,asi que de parabienes! saludosbuhos y graciassss!!!

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    1. Nada mejor que sacar sonrisas, qué decir de una carcajada. A mi también me gusta la lluvia, cómo no?
      Gracias a vosotras por volar en este espacio.

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