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martes, 1 de abril de 2014

La Casa de Mis Sueños (4ª Parte)


La Casa de Mis Sueños, por Ana Sefern
(4ª Parte)


Recuerdo aquella tarde perfectamente. Maika bebió más de la cuenta y pasó de la indignación al llanto y del llanto a la risa histérica. Tenía un hijo recién casado y se explayó poniendo a caer de un burro a la estúpida de su nuera, a quien debía hacer buena cara por más que lo que deseara fuera atizarle con un cazo en el cráneo. Despotricó de lo lindo a cuenta de su jefa. Desde que era “una vieja puta frígida”, hasta que su "sufrido" marido, harto de ver todos los días “su cara de puta cansada” le había puesto los cuernos con cada una de sus empleadas en cada retrete de la oficina (creo que eso también la incluía a ella), “el muy cerdo, hijo de perra”.
Confieso que me reí hasta llorar, aunque la cosa no fuera de chiste, y que me pregunté si Maika se referiría a mí, cuando hablara con sus otras amigas, como “la loca campesina rebozada en barro o la chiflada misántropa del bricolaje”. Oí que mi parte oscura, tan activa como siempre, susurraba:
         “De eso no te quepa duda, y cosas mucho peores”.
La mandé callar y me di un cachete por malpensada.
      ―¿Qué haces? ¿Una avispa? ―inquirió mi beoda amiga poniéndose en pie, tambaleante. Y a mí me entró tal ataque de risa nerviosa que se me atragantó el vino, lo escupí y la rocié de arriba abajo.
          ―¡Joder, Stef, eres una puerca, mira cómo me has puesto!
      ―Métete bajo la ducha, señoritinga, ¿no ves que casi me ahogo? ―repliqué cuando paré de toser―. Y deja la copa en la mesa, que sólo tengo cuatro.
        ―Vale, dejo la copa y me ducho, pero que conste en acta que, a veces, haces cosas muy raras.
        ―Que conste si quieres y añádele esto: esta noche duermes aquí, el coche no lo coges.
          ―No puede ser. A Juan le dará un ictus si paso la noche fuera.
      ―El ictus le dará si le escacharras el coche, y a mí si te matas ―repliqué sin pensar en lo que estaba diciendo. Maika me lanzó una mirada relampagueante mientras el agua de la ducha limpiaba su esbelto cuerpo de impurezas.   
       ―Ese comentario es una bazofia, da gracias a que te quiero y a que mañana lo habré olvidado.
       ―Lo siento, tienes razón pero, por favor, no me cuentes cosas del querido Juan, si no quieres escuchar lo que pienso de él.
       ―Tengo que desahogarme, Stef, y tú eres mi mejor amiga; el resto son unas bocazas como yo que, en el fondo, se alegran de mis miserias. Así que si no me desahogo contigo, ¿con quién voy a hacerlo?
Sabía bien de lo que hablaba. En su círculo, mucho más mundano que el mío, donde lo que no se sabe se inventa para tener algo que comentar, la hipocresía era una monumental bandera ondeando al viento y todos sabían a qué atenerse. A nadie le gustaba, sin embargo, salir del círculo significaba, como poco, el ostracismo y las críticas más feroces.

Finalmente, Maika se quedó a dormir. Digo bien: a dormir. Una hora después se dejó caer como una losa en la pequeña habitación de invitados y me supo mal despertarla. Viendo que se hacía tarde fui yo quien llamó al “querido Juan” para anunciarle que su mujercita había decidido pasar la noche en el campo.
          ―¿Qué pasa, Estefanía? ¿Es que tu amiga se ha puesto hasta el culo de vino y no puede sujetar el teléfono? ―preguntó el “querido Juan” con la franqueza, a veces brutal, que da la confianza.
         ―En absoluto. Ha atiborrado la bañera de sales y me ha pedido que te diera un toque ―mentí―. Tranquilo, la tendrás en casa por la mañana para que pueda prepararte el desayuno.
          ―Estás graciosilla, ¿no?
          ―Tú siempre tan suspicaz. Bueno, te dejo, he de elaborar una cena a la altura de los gustos de tu esposa y eso lleva trabajo.
Pero preparé una cena sencilla y cené sola. Maika continuaba durmiendo la cogorza. Así seguiría durante horas hasta que se evaporasen los efluvios del alcohol. Entonces despertaría con la boca seca, dolor de cabeza y malhumor galopante.
Había cenado temprano, todavía era de día, no me apetecía ver la tele, no estaba inspirada ni para escribir una coma, el sol estaba bajo, sin fuerza para aplastarme... qué mejor momento para dar un paseo e inaugurar la visita anual a la casa de mis sueños. Me asomé a la habitación de Maika, comprobé que continuaba en los brazos de Morfeo roncando en una postura poco elegante a la que yo jamás haría mención para no avergonzarla. Tampoco mencionaría los ronquidos, Maika lo negaría enérgicamente aunque sabía muy bien que fumaba como una camionera desde hacía años y que roncar es la menor de las consecuencias que trae el tabaco.
Me sentí relajada mientras daba el primer paseíllo estival. No por bien conocer el camino me resultaba menos atractivo. Era como mi viejo pijama de franela en las noches de invierno, cuando afuera reina el frío y me acurruco en el sofá arrebujada en esas dos cálidas piezas que cualquiera, menos sentimental que yo, arrojaría a la basura sin perder un segundo. En esos momentos sólo sé que me siento bien, una gotita de felicidad de las muchas pequeñas que conforman el todo. Aquél camino era lo mismo: una gota más en el cómputo de mis pequeñas felicidades: mi pijama de franela de los días grises, costumizado convenientemente para soportar el calor.
Asomaba la torre de Las Buganvillas, los muros de siempre, el jardín desaliñado. La mano del hombre tampoco había pasado por sus muros avejentados durante aquél año, ni el invierno había hecho más estragos en ellos. Resultaba extraña aquella inmutabilidad, aquella resistencia al paso del tiempo cual actriz de cine reacia a envejecer. Pero a Las Buganvillas no le habían practicado un lifting, no le habían inyectado botox ni le habían realizado ninguna liposucción.
Próxima ya a la verja principal agucé la vista y apreté el paso.
Adivinaba algo nuevo, algo que no debía estar (o que no había estado durante los últimos veinticinco años)
“¿Un cartel?”
“No, no, no”.
Unas letras rojas en la pared, sobre el dintel de la verja, bajo el estrecho tejadito con los dos farolillos rotos.
“¿La pintada de algún desaprensivo?”
Todavía no podía distinguirlo, pero se me había encendido la luz de alarma.
Mientras me aproximaba haciéndome preguntas para despistar a mi mente venenosa, lo intuí; lo supe, más no quería leerlo.
                                         SE VENDE
                                          TEL 676782830
      ―Vaya ―murmuré frente a la verja, con los ojos clavados en el escueto anuncio―. Vaya, vaya.
         “¿Estás tonta o qué?
       ―Cierra el pico o te juro que acabo contigo ―mascullé con los dientes apretados, a punto de rechinar.
       “Definitivamente estás como una cabra. Tú sí que vas a acabar mal, ¿lo sabes, no?”
         “Y tú te la estás jugando”.
Inspiré hondo y expulsé el aire lentamente.
¿No fui yo misma quien dijo que si el propietario quisiera vender la casa pondría un letrero y un número de teléfono?
         “Sí, señora, y ahí lo tienes, ¿ya estás contenta? ¡Eres más lista! ¿Qué piensas hacer ahora, seguir plantada delante de la puerta como una col? ¡Qué empuje!
        “Me voy a casa, tengo que pensar”.
       “¿Pensar? No pienses tanto y, sobre todo, no pienses estupideces o te explotará la cabeza, ¿qué sería de mi entonces?”
        “Me importa un bledo, como puedes suponer. Muerto el perro se acabó la rabia. No existes sin mí, quién te has creído que eres?”.
       “¿En serio necesitas que te lo vuelva a explicar? Ese tema ya está muy trillado, ¿no te parece?”
Puesto que mi interlocutor no era visible, lancé una mirada asesina al aire en tanto trataba de memorizar el número de teléfono bajo el tejadillo. No supe bien por qué lo hacía, no pensaba llamar, ¿a santo de qué? La casa debía valer una fortuna y yo no la tenía.
Regresé a mi casa con un humor de perros. Maika continuaba durmiendo apaciblemente, juraría que ni había cambiado de postura. Estupendo, se me habían quitado las ganas de cotorrear y no estaba para atender dolores de cabeza ni bocas resecas. ¡Que no hubiera bebido como una cosaca! Hacía tiempo que su juventud era una hoja amarillenta desprendida del árbol, si todavía no tenía dos dedos de frente no era mi problema!
     “Pareces rabiosa… ¿lo estás? ¡Cu-cu! Es que te has puesto un poquito desagradable… desconsiderada, irascible…”.
         ―¡Me pongo como me da la gana!
         “Huy, huy, huy, sosiega, chica”.
         ―Esa casa lleva un cuarto de siglo vacía, ¿a qué viene ahora venderla?
         “Se me ocurren unas cuantas razones, a saber:
Uno - Los hijos o los nietos han heredado y necesitan cash.
Dos - El dueño está arruinado y tiene que desprenderse de propiedades no productivas.
Tres - Simplemente, se ha hartado de pagar los impuestos de un mausoleo que no piensa usar jamás".                                                                                       
       ―No me imagino la casa habitada por alguien que no sea yo―gemí puerilmente.
“Triple mema, ¡demasiado tiempo has desperdiciado montando castillos en el aire! Yo me alegro de que la vendan y me alegraré todavía más cuando la compren y la echen abajo. Esa es otra opción: a lo mejor acabas saliéndote con la tuya y no la habita nadie… ¡PORQUE SE LA CARGAN! ¡Jajajajaja!”     
         “Te satisface mortificarme... te gusta meter el dedo en la llaga. ¡¡Pues que te den, rata asquerosa, no sabes cómo te odio!!
“¡Shhh! Sujeta esa lengua malhablada. ¡Si yo sólo miro por tu bien! Ha llegado el momento de despertar, de bajar de las nubes, de poner los pies en el suelo. Se acabó la tontería, recuerda que tienes cuarenta y cinco tacos, no veinte.
         “Eres ruin”.
         “No lo soy”.
         “¡Desde luego que lo eres!”
         “Ni hablar”.
Aquella noche no pegué ojo. Tenía que madurar un plan y eso pasaba por tomar decisiones drásticas. Iba a poner los pies en el suelo, desde luego que sí.

                                                       Continuará...

18 comentarios:

  1. Hola Nena... "De la indignación al llanto y del llanto a la risa histérica"... a Maika no le sentó muy bien beber ;-)
    Me he carcajeado con la "avispa" ;-)
    O sea, que al marido de Maika solo le iba a preocupar que le estropeara el coche... vaya marido, no me cae bien
    Me pregunto en qué postura dormía Maika, que no se puede mencionar ;-)
    Está claro que a Estefanía no le ha gustado enterarse de que Las Buganvillas está en venta
    Creo que has puesto un número de móvil que puede ser real... a ver si algún lector o lectora va a llamar... jajaja
    Me he divertido mucho con la lectura de este capítulo... muy bien logrado
    Besos y muy feliz abril... aguas mil ;-)

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    1. Hola Mela,
      Maika es bastante excesiva en todo, y no, no le sentó demasiado bien beber.Su marido un cafre, más preocupado por sus intereses, entre los que ella apenas tiene cabida.
      El resultado de escuchar demasiado a lo que dice la cabecita es que el resto del mundo piense que tienes tics o que te ha picado una avispa jajaja.
      No seas indiscreta, la postura de Maika es top secret.
      Espero que a nadie se le ocurra llamar a ese teléfono, porque el número es inventado jaajajaj, claro que antes de inventármelo yo, ya estaba inventado, así que... Pero no creo que vendan ninguna casa, eso sería demasiada coincidencia.
      Me alegro que continúes disfrutando de la lectura y que la saborees más que cuando la leíste del tirón hace más de un año.
      Feliz abril, sequía mil, por lo menos en este trocito de España.
      Besossss

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    1. Gracias Jose, y te reitero mi enhorabuena por la edición de tu nueva novela.
      Muackssss.

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  3. Hola Nena,
    Vaya amiguita la de nuestra protagonista, pero está claro que con el marido que tiene a la pobre la va bien de vez en cuándo desahogarse un poco.
    La casa no la pueden tirar, eh! No me hagas eso que me enfadaré, jajajjaaja. Es broma, tu eres la autora y tu puedes hacer y deshacer, pero me encantaría poder ver la casa por dentro, por que ya me tiene enamorada :) Y el Pepito Grillo ese, que no se calla...
    Besos!!

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    1. Maika es un poco alocada, un poco insegura, pero una buena amiga; el marido un imbécil.
      Venga, va, te adelanto que la casa no la tira nadie, aunque a Pepito Grillo le encantaría, así continuaría martirizando a Estefanía.
      No permitiré que la echen abajo, aunque...
      Un beso!!!

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  4. Este relato continua yendo como lo recordaba. Muy bueno!
    Besitos guapa y feliz semana.

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    1. Me alegra saber que no se ha "desinflado" en esta segunda lectura por partes.
      Besitos y feliz semana para ti también.

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  5. Estupenda narración y dices cosas muy reales sobre la amistad.Sigo intrigada a ver que pasa con la casa.

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    1. Hola Katiuska, me alegra recibirte. Si te has quedado intrigada, no tienes más que volver el martes que viene, y así hasta el fin del relato, que no es largo.
      Si decides volver, espero que sea de tu agrado.
      Un beso

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  6. Maika empieza a parecerse peligrosamente a Norman Bates. Lo mejor de todo es que no consigo imaginar en qué acabará todo esto, lo cual me mola. Por otro lado, estoy tentado, muuuy tentado de llamar a ese número de teléfono. La curiosidad empieza a despertar en mi cabeza conversaciones similares a las de Maika.
    En fin, que por lo que de verdad estoy impaciente es por saber cómo continúa la historia. No hagas esperar mucho, please!

    Un abrazo!

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    1. Te refieres a Estefanía o Stef como sucesora de Norman Bates, Maika es su amiga recién llegada, esposa del querido Juan :)
      Seguro que el número de teléfono existe, aunque yo lo desconozco, pero estoy segura de que no venden la casa en cuestión, se quedarían muy sorprendidos con tu llamada. Que tu lado más racional y pesado no te maree jajaja.
      Es un relato, no vas a tener que esperar mucho por el desenlace, ya verás.
      Un abrazo!!

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    2. Cierto, fallo mío. Me refería a Estefanía.

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  7. Yo la sigo, o como sabes re-sigo, pero no digo nada eh? por no descubrir el final, Ya me gustó en su momento y ahora recordándola de nuevo me está gustando también.

    Besitos!

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    1. Hola FG, no te preocupes tanto, que si te centras en el capítulo, por más que digas, no hay por qué desvelar nada. Si fuera así, yo hubiera revelado a todos los lectores de Mela los intríngulis de su novela, que, como sabes, leí también antes de que la fuera publicando por capítulos. De todas formas, comentar o no es cosa de tu elección; también comprendo que tienes muchos otros blogs que visitar, así que estás dispensada de este, ya que el relato no es nuevo para ti y te quita un tiempo precioso. Me alegro de saber que te sigue gustando. Besitos!!!

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  8. Me encantó Maika, me la imagino durmiendo "culo para arriba" o desnuda con las piernas abiertas... jaja! Igual, no tienen nada de malo, uno duerme como más le plazca, o como se lo permita la borrachera...
    Me imagino la respuesta a la llamada: "como no puedo atender la casa la vendo por unos pocos pesos..." ¿o será que nunca existirá esa llamada?
    Veremos como sigue ésto.
    Besos amiga!
    PD: en mi blog respondo tu inquietud sobre mi (ex)blog de escritos.

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    1. Jajaja, así que te ha gustado la amiga en estado etílico... Maika es que no necesita voces interiores, porque su lengua es muy suelta, y más, cuando bebe. En ese estado es lógico que no repare en posturas escabrosas.
      Bueno, de la llamada vas a saber en el siguiente capítulo, como de lo que piensa hacer Estefanía.

      PD:Ya pasé por tu blog y volví a dejarte comentario.
      Un beso, Juanh

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