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domingo, 27 de enero de 2013

ECOS DEL PASADO (primera parte) - (4)

ECOS DEL PASADO en un relato que consta de dos partes. La primera se titula "BREVES ANOTACIONES DE MAGDALENA YÉLAMOS" y la segunda "LA CAZA". 
Cada parte está dividida, a su vez, en varias entregas (1) (2) (3)...

Esta es la cuarta entrega de la parte primera.

                                             (4)
                        
                               BREVES ANOTACIONES 
 DE MAGDALENA YÉLAMOS 
                                                    
 EL ODIO DE UNA HIJA




La Casa Yélamos era una extraña mole de piedra, un híbrido, mitad mansión, mitad castillo. Tenía cierto aire gótico, un gótico muy sui géneris en realidad, representado en las vidrieras de alguna de las ventanas terminadas en arcos de ángulo curvo y el rosetón sobre la maciza puerta principal. Tres filas de ventanas y cuatro torres tubulares conformaban, a grandes rasgos, la fatua edificación, donde las plantas trepadoras reptaban por la pared cubriéndola casi al completo.
Se accedía al portón principal cruzando un pasillo corto con columnas a ambos lados, Frente a ellas había sendas estatuas de enormes alas replegadas sobre un cuerpo de animal indefinido. Ambas estaban sentadas en actitud de celosa guardia y custodia. Eran idénticas. Robustas patas terminadas en enormes garras, fuertes picos entreabiertos ubicados en parejas cabezas de pájaro de la época de los dinosaurios, y miradas feroces.
Y no eran las únicas. El gusto de Yélamos por las estatuas monstruosas se ponía de manifiesto, tanto dentro como fuera de la casa; por esta razón, el enorme e intrincado jardín que ornamentaba la propiedad era conocido en el pueblo por los nombres de "El jardín de las estatuas" -en el caso más benevolente-, "El jardín de los Horrores" o "Jardín del Infierno", y a la Casa Yélamos se la denominaba a hurtadillas "La Casa del Diablo".
Magdalena no conseguía acostumbrarse. Aborrecía su lúgubre hogar, no le gustaba permanecer en la casa. Era el jardín con sus estrechos senderillos, sus árboles de ramas colgantes, sus arbustos, sus parterres floridos quien ponía la nota de color a su vida gris. Sin embargo, si quería disfrutar de su esplendor debía compartirlo con aquellos engendros abominables que su padre, en un alarde magistral de mal gusto, había ido diseminando aquí y allá. De niña la aterrorizaban, la hacían tener pesadillas. Siempre tuvo la sensación de que aquellos ojos vacíos la vigilaban y que sus bocas deformes sonreían malévolamente, porque conocían sus más íntimos secretos.
¿Por qué lo hacía? ¿Por qué su padre se rodeaba y les rodeaba a todos de tanta fealdad, de tanta monstruosidad? ¿Odiaba la belleza? ¿Por qué? ¿Porque su propio aspecto era más parecido al de aquellas diabólicas estatuas que al de una persona?
Había muchas cosas que Magdalena no comprendía. Y cada cosa que descubría, le creaba más dudas. Pero no tenía a quién preguntar. No podía hablar con los criados, no podía hablar con su madre y se notaba que María no estaba por la labor tampoco; ella siempre cambiaba de tema, siempre intentaba distraerla y Magdalena no quería contrariarla.
Su padre se había ausentado durante tres días. No era habitual, no acostumbraba a dejar "sola" su propiedad, algo importante debía haberle surgido por tanto. El ambiente en la casa era muy distinto cuando él no estaba: se escuchaba alguna risa, las conversaciones tenían un tono distendido y todo el mundo parecía caminar, en lugar de ir arrastrando los pies. Era como si la sola presencia de Yélamos les pesara como una losa sobre los hombros y su ausencia les liberara de tan horrible peso. 
El despacho de su padre estaba cerrado con llave. Se podían contar con los dedos de una mano las veces que Magdalena había entrado allí y en todas ellas, había sido incapaz de levantar la mirada del suelo o del rostro del hombre que la había requerido a su presencia. No sabía por qué estaba frente a la puerta del santuario del Diablo... ¿Curiosidad? Miró la cerradura mordiéndose los labios, oteó el pasillo a diestra y siniestra y extrajo un abrecartas del bolsillo de su mandil. Lo introdujo en la cerradura con cuidado, hurgó en ella de todas las maneras posibles sin conseguir nada, pateó el suelo con impaciencia, respiró hondo y volvió a intentarlo. Sonó un chasquido, la jovencita bajó la manilla y empujó la puerta. 
Estaba oscuro adentro. Despacio, a tientas, buscó la ventana, la encontró y permitió que la brillante luz de agosto entrara en la recargada estancia. Se volvió despacio. Su mirada fue a chocar directamente contra la pared que había tras el macizo escritorio de su padre. Casi se le detiene el corazón al verle allí mismo, "suspendido" a varios metros del suelo, mirándola fijamente con sus horribles ojillos alargados. Magdalena no pudo evitar que se le escapase un grito, se llevó la mano al pecho intentando detener el galopar furioso que había comenzado en su interior después del impacto inicial. Respiró agitadamente hasta que su cerebro empezó a asimilar que su padre todavía no era capaz de flotar, por mucho que le hubiera vendido su alma a Lucifer... o se creyera el mismo Lucifer. Sólo estaba mirando su retrato, un imponente retrato de cuerpo entero.
Ramo Yélamos era un hombre contrahecho. Su cabeza tenía una forma extraña y el rostro estaba deformado por unas protuberancias que daban la sensación de ser granos gigantescos. Su expresión era solemne, pero la deformidad de su boca la tornaba cruel. Su cuerpo era pequeño, rechoncho, con ambas piernas, cortas, combadas hacia fuera. Una mano descansaba sobre el pecho abultado, rozando la cadena de un reloj de bolsillo. Los dedos de aquella mano eran demasiado largos y estaban tan retorcidos como las ramas de un árbol reseco. La otra, por fortuna o por piedad, permanecía oculta en uno de los bolsillos de su pantalón de buen corte y, supuestamente de excelente calidad, al que la “percha” no hacía justicia. Magdalena no pudo seguir mirándole; sus ojos oscuros, casi tan estrechos como una ranura, la observaban fijamente con tanta maldad como solían hacerlo al natural. Se arrepintió de haber entrado en el despacho, ¿qué esperaba encontrar? ¡Era tan estúpida! Apresuradamente volvió a cerrar las contraventanas, corrió los espesos cortinones y cruzó a oscuras el espacio hasta la puerta, temiendo sinceramente que su padre pudiera saltar del cuadro y aferrarla por un brazo enredándole sus dedos retorcidos hasta quebrárselo.

                                                         Continuará...

10 comentarios:

  1. Lo cierto es que con el terror que impone su padre, ella ha sido bastante intrépida al entrar siquiera en el despacho, la verdad, tan sólo la descripción del entorno, sea el jardín como la casa ya hace que una no quiera adentrarse mucho más.

    Me encanta!!!! Quiero ver qué seguirá, pero si, seré paciente... Ya me quedo calladita.

    Besitos!!!

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    1. Buenos días, FG!!
      Sí, Magdalena ha sido bastante intrépida, aunque de poco le ha servido, la verdad; la sola imagen del retrato de su padre le ha quitado el poco valor que había reunido. El entorno y la casa son un horror, pero es que la decoración corre por cuenta de Yélamos.
      Y no tienes que quedarte calladita, puedes decir lo que te parezca y preguntar, jajaja; la que me tengo que quedar callada soy yo.

      Un besote y que tengas un magnifico domingo!!

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  2. Me queda muy claro que al padre de Magdalena le gusta rodearse de monstruosidad.
    Horrible escenario donde se ha criado y tiene que vivir la jovencita.
    ¡No es de extrañar que hasta tema que la figura de su progenitor pueda salir del cuadro para atraparla!
    Comprendo que todos se sientan más relajados cuando el señor Yélamos se encuentra ausente, probablemente serían felices si no volviese a aparecer. Pero tengo la impresión de que esto no va a suceder.
    Feliz domingo!! A ti también, FG, que ya te veo subida al tren jajaja

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    1. La mente juega un importante papel en nuestros miedos. Aunque en este caso no son infundados, si que espolean la imaginación a base de bien.
      Es más que probable que todos fueran muy felices si Yélamos no volviera jamás, pero tu impresión es acertada y eso sí puedo decirlo: vuelve.
      ¡Sigue pasando un buen domingo, que mañana ya es lunes!

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  3. ¿Has visto Mela? Mira qué generosa ha sido Nena, nos adelanta precisamente lo que aun temiéndolo ya sabíamos que iba a pasar....

    Si, esa loca que te saludaba desde la ventanilla he sido yo jajajaja

    ¡Feliz domingo para las dos! Aquí hace un frío que pela.

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    1. Jajaja, me halaga que alabes mi generosidad, intento hacer méritos para que me eleven a los altares.
      Cuidado de no despeinaros mucho si vais asomadas a la ventanilla, que el tren camina rápido.
      Aquí de frío nada. Ayer un viento enloquecido, pero sólo por la mañana... nos partió la preciosa mimosera en "As Meigas" (la casita de campo de mis padres)

      Besos

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  4. Que atrevida la chiquilla, seguro que el diablo encuentra algo que le hace darse cuenta que ha estado dentro....
    Aix... me encanta este suspense...
    Un beso Nena

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    1. ¿Si? ¿Tú crees que el diablo lo sabrá? Es posible, es un tipo extremadamente desconfiado. Aunque quizá esté más preocupado por otras cuestiones, o ni siquiera se le pase por la cabeza que su hija se haya atrevido a hacer algo así. Magdalena ha sido cuidadosa, no ha tocado nada.

      Un besito Lidia, que tengas buena semana.

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  5. La entrada al despacho es genial, Nena. Te has salido!
    Besos

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    1. He intentado preparar un poco el terreno para cuando Magdalena descubriera el cuadro, reflejar su terror, aun sabiendo que su padre no estaba en la casa.
      Me alegra que te haya gustado.
      Besos

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